sábado, 8 de diciembre de 2012

UN CUENTO EN NAVIDAD



Por: Luna Francés



Villa de Cura, 4 de diciembre del 2012

       Cuatro  de  diciembre.  Desde tempranas horas de la mañana las personas en su desenfrenado afán por adquirir objetos  para  su hogar, desde costosas  neveras hasta objetos  insignificantes, plenan las calles de transeúntes y vendedores ambulantes, puestos de comidas, jugueterías y tiendas de abarrotes.      Todo es  bullicio, un corre, corre. Los arbolitos rápidamente desaparecen de las tiendas de los chinos, los niños guiados por sus padres escogen el regalo que ha de traer Santa Claus, el Niño  Jesús  o los Reyes Magos. Todo depende del bolsillo de cada familia.
        Hoy en  muchos hogares  creyentes  festejan en honor a Santa Bárbara.
Llega el anochecer.  Rendida por la fuerte jornada del día regreso al hogar buscando un poco de relax.  Después de una buena ducha y una ligera cena me recuesto en el sofá. En la distancia se pueden escuchar la música y algarabía  de los festejos del día. En mi hogar, como es tradición ya, con la Navidad ha entrado el arbolito con sus luces titilantes multicolores, campanas y angelitos. Trae a mi memoria recuerdos lejanos.  Una lágrima asoma. La enjugo y un nudo se forma en la garganta, tomo un sorbo de agua como quien quiere ahogar en ese  inocuo liquido  la pena.  El cansancio rápidamente ejerce su gratificante efluvio.
         Los cohetes en su tronar me despiertan sobresaltada. Una gran sed me atormenta. En ese instante llegan a mis oídos unos extraños ruidos: crujir de platos, vasos y tazas
¡Dios!  ¿Quién habrá entrado mientras dormía?  Sigilosa me fui acercando  poco a poco  a la cocina.  Cuando me encontraba  ya muy cerquita escuché una voz. Parecía la de un anciano.  Le oí decir:
-“Hoy muy  triste he oído llorar a la reina de este hogar por el amor que lejos está.”
Una vocecita  muy dulce, como de niño, le respondió:
-“La amita no lloraba por el amor de un hombre.  En su pecho hay pena y dolor.  Colgado en el arbolito está su corazón en honor a sus dos hijitos que lejos de ella se encuentran”
Aquellas voces salían de algún lugar.  Sin encender la luz  me puse a buscar. Eran dos jarritos que en el gabinete guardaba, uno era azul con un gordo panzón de rojo camisón y barba blanca, del otro  asomaba de entre un hermoso árbol de pino un lindo y tierno reno de roja nariz. Entre ambos un deseo pedían:
“- Estrellita refulgente,  tú  que guiaste a los tres Reyes Magos hasta el Niño de Belén, te pedimos un obsequio en esta Navidad… guía el camino de J.R y Naleicita de regreso a su hogar  para que el corazón apagado de esta madre vuelva a brillar “



Dedicación que hago a mis amados hijos.

Naleiza y Jesús.

Dios los colme de bendiciones