domingo, 1 de junio de 2014

TARDE COMPRENDÍ


Por Luna Francés

Madre, acá estoy… sumida en esta nostalgia
que te trae a mi memoria.
Madrecita mía,
mis ojos se han vuelto catarata… al evocar mi niñez.
Te recuerdo mamita, dulce y tan frágil…
sumergida en aquella cama,
con una calentura que superaba los cuarenta grados.
Temblorosa…sudorosa y un…
Ay, en tu pecho que en mi ser quedo grabado.

Mamita querida,
mis manitas de aquel entonces,
recuerdan tu negra y dócil cabellera.
Salpicada de prematuras canas,
que se escapaban de mis dedos
como la arena en la playa.
El sufrir, que laceraba tu corazón,
no comprendía madre mía,
por ser tan inocente.

Hoy,
ante mis ojos han caído hojas,
escalando montañas de tristezas,
bajo mis pies a corrido el mal, del desamor…
Quisiera ser de nuevo una niña…
Para decirte  madrecita…
Aquí está mi pecho, vuelca en mí tu dolor…
dame tu mano…
levántate de ese lecho que te consume.

Miremos juntas la alborada.
Una lluvia de roció empape nuestros rostros.
Seamos como espigas que danzan con el viento.
Cambiando ese pesar que habita en tu corazón,
por una fragante y tersa sonrisa de tus hermosos labios…
Te abrazo madre mía
en esta nostalgia finita…
Se tu…
Hoy, mi sonrisa.



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