jueves, 4 de octubre de 2012

UN SUEÑO EN EL MAR




Por: Luna Francés
Villa de Cura, estado Aragua, Venezuela

              Era el mes de julio,  al despertar caía una lluvia fina, ligera.  Me levanté como de costumbre; era sábado, debía trabajar. Estaba agobiada  por la soledad y el desamor. Mi cuerpo, mente, alma y espíritu pedían a gritos un descanso y fue entonces cuando tome la mejor decisión: viajar.  Quería ir al mar, mi lugar ideal. Estar en contacto con la brisa, el sol, el agua salada. 
           Llegaba el atardecer. Me encontraba fatigada por el viaje y la emoción vivida. Regresé a la posada, habitación trece, infortunio para muchos, bendición para otros. Al anochecer volví lento, calmada, a la roca aquella donde solía ir a meditar sentada.  Ya el golpetear de las olas salpicaba mi cuerpo. Un frío agradable recorría mi ser. A mi lado la eterna compañera: soledad silenciosa, impávida. Mi mirada perdida en aquellas aguas del mar bravío, impetuoso, inmenso. A lo lejos la música, las parejas y ahí seguíamos mi
compañera y yo. Por un instante la escuche decir  ¡Tú puedes!
          En silencio la escuchaba, pero ¿Cómo?   Si aquel ser de mi sueño, de mi fantasía, mi amor imposible lejos de mí estaba. 
          Pasaban las horas, seguía yo allí  sentada.  A mi espalda una voz, melodía aquélla de mi sueño. No podía creerlo.  Me tomaba de la mano. Era él:  mi motivo, mi ilusión, mi pasión, mi amor imposible. Juntos caminamos por la arena mojada con los pies descalzos. Y fueron cómplices el mar, la arena y la luna de aquélla entrega de dos seres que se amaban en silencio.
          Pero bruscamente fui despertada: unas frías gotas de lluvia mojaban mi rostro. A mi lado mi compañera, testigo de un sueño en el mar.

Sitio web de la imagen:  http://marylinlagata.blogspot.com/2012/07/enamorarse-o-amar.html